Mi Big Bang

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[…]Entonces, nací. Aunque, lo más antiguo que recuerdo vagamente son las patadas de mi hermano en el vientre de mi madre a eso de mis dos años, y las historias que te cuentan aquellos que lo han vivido, claro.
         No me bautizaron (gracias Papá y Mamá, con la de curas pederastas que hay, como para que te echan el ojo desde chico….aunque estoy temas con la religión los dejo para más adelante…)
         Soy primogénito y por lo tanto cabeza de turco; con todas, te vas abriendo camino y año tras año ideando nuevas metas, nuevos proyectos, y personas con las que compartir tu vida.
         Te das cuenta que todo a lo que has aspirado, todo en lo que crees o has creído ya está idealizado, estructurado y registrado, no hay alternativa, la misma alternativa también se encuentra registrada, tu vida se compone de normas que vas a cumplir por muy revolucionario que quieras ser, no hay elección, y simplemente no se discute porque se cree que es lo correcto; el que no lo crea está loco. {pues yo hubiera preferido pasarme la vida viajando de un lugar a otro conociendo nuevas culturas y lenguas, ¡maldito loco!}.
Me han robado, ¿el qué? ¿el corazón? ¿la cartera?, me han robado la libertad, aunque no lo quiera ver, aunque sientas ese pellizco de libertad viajando o manifestándote por algo en lo que crees. Amigos me han robado la libertad de poder respirar aire puro por Madrid, de poder vivir sin más sentido que el amor, de viajar sin tener que ir por donde ellos quieren que viaje, de caminar por estas aceras sin que la gente se asuste ¡joder si sólo es una barba! Así que, decidido a aportar mi terrón de arena a esta sociedad egoísta y ególatra, empecé a interesarme más por la gente que me cruzo y que no conozco de nada, por cualquier problema que les pueda pasar; algo tan simple como la persona mayor que le resulta costoso subir o bajar cargada en las escaleras del metro, el ciego que está algo desorientado en el suburbano, o simplemente levantarme para que otro se pueda sentar (“menuda tontería, todo el mundo lo hace”, lamentablemente no amigos).  Llevo tiempo colaborando como puedo en ayuda al tercer mundo, en actuaciones benéficas, contra el cáncer, esta semana me he apuntado a la cruz roja para hacer voluntariado con niños en hospitales, y ayer, al salir del supermercado, regalé un pack de salchichas al indigente de la puerta…sé que varios pensarán que es una gilipollez, pero también hay a quién nada le importa y nada aporta a este barrizal donde tarde o temprano, todos nos rebozamos. Me da rabia cuando veo algo de esto, mientras los altos cargos ríen entre whisky caro, puros y sillones con orejeras.
¿Crisis? No me jodas, crisis hay en el tercer mundo, y como decía Rosendo, nos quejamos de vicio. Ahora a las guerras se les llama “misiones de paz”.