Golfo.

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Golfo, Golfo, Golfo,…

Desde que perdí la esperanza de que volviera a mi vida, desde que el tiempo dejó correr los meses sin traer noticias tuyas, cerré algo dentro de mi. Algo que alguna vez dejé tímidamente ver y volví a cerrar de nuevo.

¿Golfo? Es verdad, he sido un Golfo.
Sentí que nunca podría llegar a ti, que lo que dejamos atrás hace tantos años, no surgiría, más fuerte, de nuevo.

Me puse normas incluso y he hecho lo que he querido con o sin ellas.
¡ A la mierda esas absurdas normas !
Solo me queda una, y eres tú.

No voy a cambiar; pues ser un “Golfo”, estuvo presente sin ti, no ahora.
No necesito cambiar para dejar de serlo.

Golfo, Golfo, Golfo, me quema ahora, esa palabra, me aprieta el pecho y me oprime la nuez.
Es algo que, aún ya abandonado, no puedo cambiar, forma parte de mi pasado, y no puedo volver atrás.

Confía en mi.
Me ahoga no poder demostrártelo de otra forma.
Te lo dije, entre un Te Quiero y un beso.

Después de tantos años, has conseguido abrir en mi algo que desde que te fuiste, estuvo cerrado.

Tú, por dentro y por fuera, tú, cabeza y tu corazón, tu forma de hablar con las cejas, de sonreír tímidamente mientras miras hacia abajo y levantar la cabeza, acariciándote el pelo.
Tú, en piragua o coloradita de mejillas corriendo para coger el Metro.
Tú, preciosa frente al espejo o haciendo un nudo de corbata, que por supuesto sé hacer, pero prefiero tus manos.
Tú, tu forma de levantarme una sonrisa cuando tengo miedo por alguien, cuando no puedo más.
Lo dulce que eres durmiendo y lo exquisita que eres para comer.
Tu cabecita trabajadora y llena de empeño entre batas y pipetas.
Tú, Pupas.
Tu espíritu humilde, Jimena.

Tus besos lentos.
Tu primer beso, hace tantos años.

Me encanta, todo.

No puedo sustituirte, nunca he podido.